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Pregón Romería del Rocío 1995: Rafael Fernández Mesa

6 de mayo de 1995 · Casa de Hermandad, Sanlúcar de Barrameda

Resumen

Pregón rociero pronunciado el 6 de mayo de 1995 en la Casa de Hermandad de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Sanlúcar de Barrameda. El secretario abre el acto y explica que Rafael Fernández Mesa ya había sido invitado el año anterior y declinó por enfermedad. Lo presenta el poeta Juan González Fernández, que repasa su vida: hijo de quien fue secretario de la hermandad durante 25 años, su paso por la Armada, su traslado a Madrid y sus veinte años como secretario de la hermandad del Rocío de Madrid. El pregón evoca la leyenda de la aparición de la Virgen en La Rocina, recuerda que la hermandad sanluqueña nació en el gremio de los carboneros y rinde homenaje a rocieros ya fallecidos. Al final, el hermano mayor entrega placas y medallas y se reza la salve.

Puntos clave

  • Pregón del 6 de mayo de 1995 en la Casa de Hermandad de Sanlúcar de Barrameda.
  • Pregonero: Rafael Fernández Mesa, presentado por el poeta Juan González Fernández.
  • Sanluqueño residente en Madrid, fue veinte años secretario de la hermandad del Rocío de Madrid.
  • Recuerdo de la leyenda de La Rocina y de los carboneros, gremio fundador de la hermandad.
  • Entrega de placas y medallas y rezo final de la salve rociera.

Transcripción completa

Transcripción generada automáticamente a partir de los subtítulos de YouTube; puede contener errores.

Señor representante del Consejo de la Unión de Hermandades, señor hermano mayor y compañeros de la Junta de Gobierno, hermanos rocieros, señoras y señores, buenas noches. Como secretario de la hermandad tengo el honor de abrir el pregón rociero de este año de 1995. Aunque no conocía personalmente al hermano Rosiero que ocupará hoy la tribuna pregonera, he de manifestar que le tengo un especial aprecio y me explicaré. El pasado año fue invitado para ser nuestro pregonero, pero debido a una enfermedad declinó tal invitación.

En este año, conociendo su gran deseo de glosar las grandezas de nuestra madre, la Virgen del Rocío, se le volvió a invitar recibiendo una carta de aceptación verdaderamente emotiva, donde nos explicaba lo que había padecido y agradeciendo el nuevo ofrecimiento de una forma especial. Reunida la Junta de Gobierno con fecha 10 de enero de 1995 y tras leer la carta anteriormente citada, se decide por unanimidad nombrar pregonero de nuestra hermandad en este año de 1995 a don Rafael Fernández Mesa, que será presentado cumpliendo su deseo por el poeta onubense afincado en Madrid, don Juan González Fernández, al que sin más preámbulo cedo la palabra. Muchas gracias.

Buenas tardes. Gracias, señor secretario. En San Lucas de Barrameda, en la tarde noche del sábado 6 de mayo del año de 1995. Pontificia, real, ilustre, fervorosa y antigua hermandad de Nuestra Señora del Rocío de San Lucar de Barrameda, reverendo director espiritual, señor hermano mayor, señor presidente del Consejo Aciprestal de la Unión de Hermandades y Cofradía, Junta de Gobierno en pleno, representaciones de las hermandades de Nuestra Señora del Rocío de Madrid, Jerez y Bormujos, amigos del alma venid proceso desde la Comunidad de Madrid, hermanos todos en mi condición rociera.

Sobre este atril quiero extender mis papeles. Quiero y deseo que a este abanico lo mueva el aire de la salin que lo sarpique la marz salá para que todo cuanto yo les pueda traer en esta noche histórica esté acorde con la persona incuestión que me honro en presentarles, en la que intentaré hacerles llegar a todos vosotros la buena crianza rociera de la que se meamantó mi entrañable amigo Rafael Fernández Mesa. Querida hermandad sanluqueña, vosotros que desde hace siglos guardáis el arcano de las tradiciones marismeñas, que como todos sabemos abristeis camino coto adelante y dejasteis marcados las sendas y los carriles para generaciones venideras, cumplisteis con el mandato evangélico de enseñar al que no sabe.

Gracias, hermano, porque por ahí también yo aprendí no solo ese camino, sino también a valorar el honrado trabajo de aquellos cisqueros sanluqueños que tanto ayudaron a la causa rociera. En la dilatada historia de vuestra congregación mariana, digo yo que por esta tarima que hoy acarician mis pies, pasaron lo más granado de escritores y poetas que a su vez de granaron los versos más hermosos dedicados a nuestra madre del cielo. a la reina de los ángeles la desnudaron de su rico de reina como la más humilde de las mujeres y la tabiiaron también con el sencillo y elemental vestido de pastora para gozar solo sus virtudes, porque solo virtudes adornas a la que nosotros llamamos Rocío, que la destreza y el talento de esa legión de jornaleros del arte de Cervante, siempre en estado puro, echaron el ancla y quedaron en el dique.

siempre frescos y conservados como fiel exponente de una devoción de siglo. Pero yo os digo, hermanos míos, que entre todos vamos a volver a levantar ese ancla sin arrogancia ni altanería, porque el porque el pregonero que esta noche nos visita es algo nuestro, y cuando digo nuestro es porque también algo me toca a mí. No en vano por mis arterias, se ligó también la sustancia de esta tierra generosa al unirme con una mujer descendiente de San Lucar de Barrameda y con raíces ancestrales en la calle Fariña. Así que es como para decir que todos estamos en casa. Hablemos pues de nuestro querido paisano.

Nunca se fue de San Lucas Rafael Fernández Mesa. Lo sabéis mejor que yo. Estoy seguro que el pueblo no perdió la memoria, pero permítanme, por favor, que yo os la refresque un poquito nada más. Con la dulzura de los cuentos infantiles, pero que después se hacen realidad. El hijo de Enrique y Francisca, que recorría las calles de este pedazo de pueblo junto al pitero, y aquel secretario aldeano y sencillo, generoso y a que tesoraba a la vez en grado superlativo el sentido del humor.

El hijo de aquel secretario de esta hermandad, que se tiró 25 años ejerciendo el cargo, se fue empapando de su maestro rociero. De puerta en puerta con la rifa por delante fue cultivando los ritos ancestrales de su ilusión. El otro maestro, el de la escuela, don Ignacio Arana, ya adivinaba en él sus grandes dotes de servicio. Fue su niñez un preludio de lo que vendría después. Se fue modulando su prodigiosa garganta de niño a hombre y para el tono, la manzanilla le dio su credencial. Caminos por el coto al lomo de un viejo burrillo y las alfojas repletas de devoción a esa blanca paloma. Así va transcurriendo su adolescencia hasta que se alista la marina y ostenta con orgullo un galón que en forma de trenza verde le concede la Armada española como marinero distinguido. Es la honradez y el trabajo de Fernández Mesa, de Rafael, que en aquellos 24 meses de Mili navegando en el Galicia ejerce de amanuense con las

grandes dotes de servicio que decía aquel maestro de escuela de este pueblo. En su ajetreo marinero le suelan las campanas por sus adentro, cada vez que el mayo viejo de los almonteños aparecen los almanaques. Pero su candela mantiene viva ese fuego llameante. Alimenta el calor de su fiebre rociera con la medalla que porta en su peso. Le llega el día de su licencia bien ganada. Es el clásico abuelo que ya ha cumplido y cuelga de su brazo junto a aquel galón la cinta de los recuerdos que emocionan y se guarda en lo más profundo de su corazón. Este es el hombre que regresa a su pueblo, libre ya de los deberes que contrajo con la patria. A partir de ahora emprenderá su segunda etapa. Ya ha madurado y decide trasladarse a Madrid.

Allí le esperan dos trabajos, el profesional y el espiritual. Le duele el suplicio de alejarse de la tierra que tanto quiere, aquella que se paseó tantas veces con las alpargatas de poma, pero lo va a superar porque San Lucas la agarra como si fuera un ramo de claveles y la mete en la maleta de su corazón marismeño. Se lleva con él la conciencia de su pueblo prendía en los filos de sus sentimientos. O si no, escuchen ustedes, señores, cuando él se cantiñeaba por el viejo Madrid de los Austrias en la década de los 60, esta letra que es toda una sentencia de lo que uno puede llegar a querer a su tierra. El día en que yo me muera, que me entierren en la playa, envuelto con los colores de mi bandera de España, Rafael seguirá siendo siempre un constante embajador de su patria chica. Tanto es así en que hay un momento en su vida en que más que por su nombre se le conoce por el San Lucas y no es precisamente por la manzanilla que

pudiera beber. Transcurre algún tiempo hasta que concta con la real ilustre hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Madrid. Aquí está ya su segunda etapa en la faceta rociera, donde va a ejercer su apostolado Mariano, que tanto le ayudaría a mitigar sus nostalgias andaluzas.

Digo yo en mi libro de las relaciones públicas que Rafael Fernández Mesa es semejante a esa piedra angular que sostienen las bóvedas de las grandes catedrales hasta 20 años. llevó con dignidad y sacrificio la legislatura de su secretariado en la realad de Nuestra Señora del Rocío de Madrid. Y nadie mejor que su familia sabe que lo que estoy diciendo es la pura verdad. Cuántas noches, cuántos días, cuántas peleillas por sacar adelante su empeño, por cumplir aquella promesa de 20 años que Rafael se había prometido en memoria de su querido padre. Dijeron los sabios que al lado de un gran hombre siempre tenía que haber una gran mujer. Ina es la fiel compañera que corrobora lo que acabo de decir.

Madrileña castiza del popular barrio de Tetuán de las Victorias, tan ligado a las tradiciones andelusas. No le hacía falta a ella más que un empujoncito para hacerse rociera, para ponerse las flores en el pelo y los lunares en los vestidos y marcarse los bailes por sevillan. enamorada de aquel sanluqueño que le mandaba los poemas encendidos de unos amores tan limpios como la quilla de un velero, de aquel flamante matrimonio, de aquel origen amatorio, la semilla dio fruto y fueron naciendo a la vida una pareja del mismo linaje, Inita y Raffi, continuadores de la casta de su abuelo paterno y de su padre. Desde muy pequeñito, Inita y Raffi fueron comprendiendo el amor de sus padres hacia la señora.

Fueron testigo y lo siguen siendo de ese grito que nadie ejecuta como él. Al final de las sabatinas en Madrid. Impaciente está toda la hermandad cuando una vez concluida la ceremonia irrumpe el silencio de la tarde en el es el empeño y la pujanta en sus vivas a la Virgen del Rocío rayando siempre en la frontera de su sentimiento marismeño. Y es que va por este mundo con un grito en su garganta que llega a lo más profundo cuando a la Virgen le canta.

Demasiado tiempo necesitaría el presentador más que el que debe de emplear para enumerar la dilatada obra que como secretario de la Real Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Madrid llevó a cabo Rafael Fernández Mesa. La resumiré diciendo que bajo su dirección y con la ayuda de la junta directiva y el presidente que lo eligió, don Antonio Amores Díaz, se consiguieron las dos parcelas y construcciones de las dos casas en la aldea del Rocío. la carreta portadora del venerado sin pecado y el establecimiento de nuestra capilla en la parroquia de San Millán y San Cayetano de Madrid. Cuando él cree que debe poner fin a su entrega, lo hace. Y es entonces cuando a propuesta de don Antonio Amores Díaz y en Asamblea General Ordinaria propone al sanupqueño para el nombramiento de hermano honorario en calidad de secretario de honor, propuesta que ratifican todos los hermanos con su firma. Después, como colfón, se le se le

rinde un homenaje y hay una placa que recuerda aquellas fechas verdaderamente histórica también. También llegó a ostentar el cargo de hermano mayor en el año 1990 su pregonero, el Universal Don Tomás Díaz a quien me cupo también el alto honor de presentarle. Hasta aquí, señores, hemos expuesto a grandes rasgo todo lo concerniente a su labor como currante de una hermandad. Pero nace en él lo que yo llamaría tercera etapa rociera. Al verse liberado ya de aquel trajín de la constante lucha diaria, donde siempre se crecía ante las dificultades, le brota otro anhelo para seguir sirviendo de cuenta la causa rociera. No en vano tantos años en el desempeño de aquella labor le proporcionaron la riqueza y esa experiencia indispensable para seguir aportando sus conocimientos en nuestra tarea. Siempre tuvo él una gran admiración por los pregoneros. se encargó de llevar las relaciones y todo esto, fortalecido por sinusitada

creencia en la madre de Dios, tenía que desembocar en lo que hoy aquí todos vamos a ser testigos. Le quedan dentro aquellos viejos captares y su fuerte condición rociera se transforma en esa inquietud poética que tiene que darle salida. Al fin y al cabo, como digo yo, todos somos poetas, unos para dentro y otros para afuera. Y él lo siente. No hay nada más que acordarse que la pimienta la lleva dentro de ese joven cuando compone aquellos versos que un día le dedicara a su querida esposa Ina.

La poesía es una lucha interior y uno se libera de ella sacándola relucir. Yo me doy cuenta de este acontecer y soy el primero que le brindo una presentación en uno de mis pregones donde me confirma que yo no estoy equivocado, realizando un memorable trabajo. Después, mi admirado amigo y colega Manuel Pablos Leguspín también lo requiere para otro pregón y confirman todos nuestros buenos augurios en su faceta literaria. Para Rafael Fernández Mesa representa un alto honor quedar inscrito en los anales de esta hermandad, su nombre como pregonero, al igual que quedó inscrito en el registro civil el día que nació en esta bendita tierra. Más de 2 años ha sido el tiempo en que su intranquilidad va a encontrar consuelo aquí por estos rincones de su niñez. Que por Bonanza vaya centelleando su faro, que se vayan ondulando las arenas de bajo guía y las calles y los barrios estén alerta. El palmar y la calzada que el viejo

castillo apiñado en la colina deje entrar por sus ojivas el esco de un sanluqueño. Acercaros todos a esta plaza rociera que la Virgen de la Caridad está celebrando. Que el hijo de Enrique piropea una pastora marismeña, que el tío Tomás también lo sabe y por las ventanas del cielo irá balconeando para estar con nosotros en el pregón. Porque eras tú, querido tío, el que tenías que haber hecho esta presentación. ¿Te acuerdas? Pero comprendo que la Virgen del Rocío te nombrara pregonero de las alturas infinitas, pero para eso están los amigos. Yo, con tu permiso, maestro, como un pobre maletilla, he ocupado tu puesto para hacerte un quite torero. Y todo lo que de ti aprendí, lo he puesto de manifiesto ante la gente de tu querido pueblo. Gracias, profesor.

Presentando una noche un espectáculo flamenco, me vino un viejo coplero diciéndome que por los pueblos donde pasa el río Guadalquivir es por donde mejor se canta. Por aquí no pasa el río, sino que llega para fundirse con la maralá en el horizonte marino. Mejor todavía, creo yo. A fin de cuentas, lo que va a hacer el orador es un canto poético. Tanto monta, monta, tanto que dirían los reyes católicos. Pero alégrate, Rio de siempre, que el pregón va a comenzar.

darle fuerza a tu corriente, porque yo no aguanto más. Que aquel niño rociero de San Lucas no se fue, se llevó hasta el pueblo entero y el río también con él. Y cuando llegó a Madrid, empezó a sembrar claveles y el río Guadalquivil le dio el agua a las Ibeles. Pero aquí vuelve de nuevo con su plegaria de amor. Quiere pagarle a San Lucas todo lo que se llevó. que a la Virgen del Rocío le gusta el paseo nuevo, le gusta el pueblo y el río y también su pregonero. Lo sabes tú, madre mía, que en las cosas del Rocío siempre perdió la cabeza. Aquí está el amigo mío, Rafael Fernández Mesa.

San Lucas de Barrameda, tú que me viste nacer, tú que me diste las fuerzas para mantener mi fe en María del Rocío, señora de mi querer, pastora del gran rebaño que no se quiere perder, unido a sus hermanos siempre por la misma fe que nos guía por la vida y el camino a recorrer, por senderos de esperanza, de ilusiones y promesas, de alegrías por doquier, oliendo a marisma nueva, a salinas, eucaliptu, naranjos y limoneros, manzanilla, pino, río y mar, San Lucas de Barrameda, que me ausenté una vez por circunstancias ajenas, no a mi voluntad también. Aunque muy lejos estaba, en mi maleta encontré que se venían conmigo mis recuerdos, mi medalla y un nombre al que cree. Rocío es la palabra la que me dio de beber de la fuente de la vida para poder comprender que aunque en Madrid me encontraba no podía retroceder. El camino recorrido había que pisarlo bien, haciendo de misionero, por muy distante que esté, porque la

Virgen y el cielo una misma cosa es. San Lucas de Barrameda es obligado y resalto a los que me dieron el ser. Enrique y Francisca por nombre fueron mis padres al nacer. Mi madre con su cariño, mi padre me inculcó su fe en la Virgen, madre mía del Rocío nombro otra vez. Que Dios los tenga en su gloria. En la corte de María cantando coplas otra vez. Gracias, mis padres les doy por haberme dado el ser. Que estén contentos conmigo, que por mucho que esto cambie, nunca abandonaré mis raíces rocieras. ni mi arraigada fe en la Virgen del Rocío, patrona del monte es, que incluso con la misma vida así lo defenderé.

San Lucas de Barrameda, aquí me tienes otra vez, viniendo de pregonero, de la capital del reino, con la humildad y la fe que me llevé de mi pueblo y jamás abandoné. Madrid fue acogedora y generosa también con este fiel sanluqueño que igualmente inculcó su fe en su mujer, sus hijos y sus familiares también, que son madrileños natos y sanluqueños quieren ser. Porque ya se rocieron, no importa de qué parte, todos ya somos hermanos y nos queremos también. Gracias a esa blanca paloma que no queremos perder.

San Lucas de Barrameda, te pido que me des fuerzas y comprensión a la vez para pregonar ante vosotros lo que sencillo no es, pero es tanto el cariño que por la Virgen yo siento que ella de seguro sabe que adelante sacaremos nuestro pregón rociero con el cariño de todo y la ayuda de la hermandad de mi pueblo.

El cura no ha venido. Buenas noches, hermano mayor y junta de gobierno de esta pontificia, real, ilustre, fervorosa y antigua hermandad de Nuestra Señora del Rocío de San Lucar de Barrameda, hermano mayor, vicepresidente y vocal de juventud de la Real e ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Madrid. Representación de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Bormujos. Representación del Consejo Arciprestal de la Unión de Hermandades y Cofradías, representación de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Jerez de la Frontera.

Honorables personalidades, hermanas y hermanos todo bajo el calor de la santísima Virgen del Rocío. Quiero en primer lugar pedir hondo perdón por mi atrevimiento de dirigiros la palabra sobre este rocío nuestro. Ya sé que por esta tribuna que ocupo han pasado pregoneros de incalculable valía poética y literaria y con mucho más conocimiento del rocío que un servidor. Pero no cabe duda que el gran amor que profeso a esa reina de los cielos me lleva con el orgullo y la alegría inmensa de pregonar en mi pueblo a deciros palabras del pueblo llano y confiando, como digo, en mi prólogo, con vuestra siempre benevolencia y cariño, cariño que todos tenemos a la Virgen Madre nuestra y demostramos a los demás, sea de la condición que sea.

El día 24 de abril de 1993 tenía que haber estado en esta tribuna como pronero, pero por motivos de una enfermedad grave tuve que desistir con todo mi dolor y pena de no poder estar con vosotros. Pero gracias a esta hermandad y a toda su junta de gobierno, pero no estar del todo restablecido, han confiado de nuevo en mí dándome esta nueva oportunidad que, no cabe duda, me va a servir como una medicación eficaz y contundente. Ruego a todos me perdonen y gracias de todo corazón a esta hermandad y su junta de gobierno por su entrañable cariño y comprensión hacia mi persona. Que la santísima Virgen del Rocío os colme de toda felicidad gracias y mil veces gracia.

No quiero que se me pase por alto y de una forma especial mi agradecimiento profundo y sincero en las personas de nuestro hermano mayor Manuel Lovato Reinoso y Francisco Fernández Lao, porque gracias a ellos se ha hecho realidad un sueño y una oportunidad que a todo rociero antiguo le gusta culminar. pese la responsabilidad que conlleva este hermoso acto. Pero la Virgen del Rocío siempre ilumina al rociero para que sus logros en este valle de lágrimas sean fáciles y sencillos y de un gran amor fraterno para todos nuestros semejantes. Porque si no parpamos las sensaciones de estos momentos, no sabremos nunca si habremos logrado la meta y el deber cumplido.

Mi agradecimiento cariñoso a mis grandes amigos y hermanos en la Virgen del Rocío, Juan Pepe, Camilo y Manolo Jurado Caballero, por su gran apoyo moral. Mi admiración especial a Manuel Pablos Leguspín, joven escritor, poeta y pregonero que viene de Madrid alentar mis palabras. Gracias, Manolo, que la Virgen te acompañe siempre. Gracias a toda mi familia y también, como no, a mis hermanos, la Virgen del Rocío de Madrid, que tanto unos como otros han querido estar a mi lado, acompañarme y vivir de nuevo estas vivencias rocieras. Nunca olvidaré este gesto de hermandad.

Que no voy a decirle que ya no le haya dicho a mi presentador y maestro Juan González Fernández. Él ha sido, sin lugar a duda, el elegido por la santísima Virgen del Rocío para que este humilde pregonero dé su primer pregón en esta suciudad natal. Es bonito. Y qué maravilla cómo se vuelven los tiempos al recordar que hace 38 años, como digo igualmente en mi prólogo, me ausenté de mi pueblo para reencontrarme con él de una marena pública y mariana ante esta tribuno que ocupo.

Y cómo no iba a ser de la mano de este insigne escritor y poeta nobense que igual que yo, tuve que ausentarse de su vuelva natal para fincarse en Madrid, casado además con una descendiente sanluqueña. Gracias siempre, Juan. No sé la forma de pagarte esos elogios y cariño que tiene hacia mi persona, pero ya la Virgen va cada día colmando de suerte y felicidad tu destino.

En el año de 1990, cuando fui hermano mayor de la real e ilustre hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Madrid, me llevé como pregonero a nuestro querido paisano y ya en las marismas del cielo, Tomás Díaz A él con todo mi corazón le dedico este cariñoso poema. Cuando fui hermano mayor de la hermandad de Madrid, fuiste allí mi pregonero. Pregonaste las esencias de María allí en los cielos. Saliste por la puerta grande como los buenos maestros. Tus palabras nos llenaron de verdadera emoción. Nos llevaste de la mano por los senderos de Dios, dando en cada momento tu pincelada de amor. Sanluqueño con solera, sanluqueño con fervor, sanluqueño rociero, sanluqueño con pasión, sanluqueño a todas horas para decir tu pregón, poeta de norte a sur, me gustaría estar en los cielos para escuchar tu pregón a esos rocieros buenos que te escuchan con amor. era tomar Díaz y así se lo llevó Dios.

Un aplauso. Blanca paloma bendita, Rocío de amor y gracia, amparo del que te busca, madre que llevo en el alma. Yo sé que es mucho pedirte, pero sé que no te cansas. repartiendo a manos llenas bendiciones y esperanzas. Si eres la madre de Dios, engendrado en tus entrañas, el que es el rey del universo no puede negarte nada. Ni voz me puedes negar, el que te pide y aclama como madre de los hombres y del mundo soberana. Si empezaste aquí en la tierra consiguiendo esa abundancia, la simpleza de aquel vino que en una boda faltaba, ¿qué no harás desde los cielos donde ha sido coronada?

Reina de la creación, media de la Inmaculada. Por eso yo te lo pido, torre de marfil y plata, porque eres también mi madre, porque me cuida y me ampara, porque no me dejas solo, porque sabes que hace falta, porque me puedo perder sin la luz de tu mirada. Ayúdame en el pregón, rocío de mis plegarias, almonteña de mis rezos, emperatriz de San Jorge, fe de mi sabiduría, dulce luz de mis tinieblas, torrente bendito de agua, pastora de las morismas, sabor de canela en rama, amapola en los trigales, vuelo de paloma blanca, salisol de Andalucía, repique por sevillana, yo no sé más qué decirte, morena guapa.

que ayudes a mi pregón dando fuerza a mis palabras. Entre los siglos XI y XIV, finales del uno y principios del otro. aparece en la historia de los bosques y cotos de la Rocina la devoción a una imagen de la Virgen que se la comenzó a venerar con el título de Santa María de la Rocina. Sobre el origen de esta bendita imagen y su devoción, hay una leyenda tan bonita como ingenua. Cuando la brisa destapa los bosques de la rocina, cuando el verde de las matas se dio insultante de vida, cuando eran manchas de plata los lucios de las marismas, cuando las aves volaban entre las nubes tranquilas y el raso tenso y celeste del cielo de Andalucía, era el fondo incomparable de un sol abierto en sonrisa. El silencio de los siglos se fue corriendo deprisa, huyendo de los ladridos que a un cazador sorprendía para avisar a su dueño del prodigio que veían en un tronco hueco y viejo, por dos fundas escondidas,

una de color verdoso por el musgo medecida, y la otra era de un lino blanco como la luz del día. Estaba la Virgen bella como una estrella encendida. Era de Nácar su cara, dos rosas sus manos finas y un sol de soles sublime en su cintura divina. Era Dios hecho pequeño que en su regazo dormía. El cazador asustado cayó al suelo de rodilla mientras temblaban sus labios al ver sus plantas benditas. Los perros ya no ladraban, las florecillas se abrían, la primavera alegraba y las perlas del rocío alegre se estremecían. Porque cambió su Rocío, su piropo de María para ser madre del monte y reina de Andalucía.

Al monte la tomó por patrona y toda Andalucía se fue empapando en su devoción hasta dar lugar a su inigualable Romería, donde se vuelca toda la devoción de un pueblo católico y mariano, alineada y adornada con toda la gran categoría que esta tierra tiene. El pueblo de San Lucas de Barrameda es alegre y expansiona su alegría en sus cantes y en su música. Por eso se va el Rocío cantando. El 25 de abril del año de 167, en el corazón del gremio de los carboneros, fue fundada la hermandad de Nuestra Señora del Rocío de San Lucas de Barrameda.

318 años lleva San Lucas de Barrameda rezándola a la Virgen por Fandangos y sevillana. Después de que he nombrado el gremio de los carboneros como fundadores de esta hermandad de San Lucas de Barrameda por el año mencionado, no quiero dejar de hacer una mención especial a José Jurado Cía, por desgracia para todos, ya en las marismas del cielo. hombre que supo con su constancia dejar huella de buen rociero y en los momentos más difíciles supo llevar el sin peecado de esta hermandad para hacer la presentación en las fiestas del Pentecostés rociero con un puñado más de ferviento rociero para que de esta forma no perder la antigüedad establecida. Hombre que compartió con todos las alegrías y las penas, que en su casa se vivía el rocío todos los días del año. Cuántas vivencias rocieras he vivido en casa de Pepe Jurado. Inculcó en sus hijos Juan Pepe, Camilo y Manolo, la fe rociera que llevan todo con mucho orgullo y más

devoción. Qué contento se hubiese puesto tanto como su esposa Isabel Caballero González verme dirigir la palabra al pueblo que me vio nacer. Seguro que desde esas marismas azules junto con Enrique Fernández Pérez, Francisca Mesa Cruz, Raimundo Fernández Mesa, Carmen Silva Barba, Carmen Peña Paredes, Manuel Hermosilla Fernández, el Padre Cueva, José Ñudi, Tomás y Pedro Barbadillo Rodríguez, Curro Marchar, Hermenej Gildo 10 Espejo, Eduardo y Luis Pozo Tercero, Pedro Barbadillo Dargueso, Casa alta, Juanera Roballo, José y Tomás Díaz Pedro Gutiérrez, Cayetano Bustillo, José Barba, Agustín Pedrote, Eleria, José Espinar Toro, Antonio Díaz, el Huevero, Pepe Vega, Jerónimo Mangulo, los Molinares, los Barbitas, Milagros Martínez Omada, Carmel Arez, Ovelica, José Espinal Rodríguez, Tocinero y muchos más que ahora no se me vienen a la memoria, me estarán Están escuchando, seguro que estarán haciendo su rocío del

cielo y cantando por sevillan rociera. Vaya desde aquí nuestra oración callada para todos ellos. El pueblo de San Lucas de Barrameda es trabajador y campero. Por eso se va al rocío entendiendo de buelles y de caballo. Embarca pronto esa jaca, es muy nerviosa y patea. Y al barquero poco vino, por si acaso se marea. La ermita no es hermita, que es un sagrario donde ha puesto Dios mismo su relicario. No es maravilla que caballos y bues se le arrodillan.

El pueblo de San Lucas de Barrameda es sufrido. Por eso se va al rocío andando y soportando el relente de las noches y el sol abrasador de sus días. Ayunando y descalzo, callado y andando. La ermita del rocío voy divisando. Y que llueve o que vente o que haga frío, todo se me importa poco para ir al rocío. El pueblo de San Lucas de Barrameda es exquisito en su justo y como tiene, entiende y acostumbra de buen vino, cuando se va al rocío sigue con su costumbre y no deja el vino atrás. Al subir a la barca nos dijo Enrique, "Quiero que haya alegría, nadie se pique. Llevamos vino para pasar alegre todo el camino. Para refrescar la garganta, dame una copa de vino, que traigo la boca seca del polvo que trae el camino. O saca la bota María, dale la bota al bollero, que así lo mandan las leyes del camino rociero. El pueblo de San Lucas de Barrameda, con su herencia árabe de pólvora se va al rocío

disparando cohetes en su afán de contagiar a los cielos de su alegría. Cohetes rocieros son telegramas que mandamos al cielo hecho plegarias. El pueblo de San Lucas de Barrameda es poeta de refinamiento oriental. Por eso se va al Rocío disfrutando los perfumes de los campos marismeños y de la belleza de los pinos. Piropos de los caminos son los lirios marismeños y oraciones de la tierra para la reina del cielo. Recortado de las lindes del sendero que en la primavera adornan los pasos del Nazareno, vestidos de tal riqueza que ni en sus mejores tiempos no los tuvo el rey Salomón en sus vestidos más bellos.

Pincelada de celeste entreverde de romero, humilde de corto tallo como suspiros del suelo, silenciosos y callados como prudentes en sueño. Bellas flores de mi tierra, peregrinos rocieros que van haciendo el camino confundidos con el pueblo. Le llevan la sevillana para perfumar sus versos. Le llevan los caminantes entre promesas y ruegos. Y le llevan las mujeres como adorno de su pelo. Se suben a los caballos en el compás del mosquero y los jinetes los guardan estrujados sobre el pecho porque se los dio un amor entre mirada y requiebro. Saben enredarse en las cuerdas que ajusta el tamborilero y se enganchan al rosario en la hora de los rezos. adornan el sin pecado porque quiso el carretero portarlo para su Virgen en un bendito deseo y se suben al altar para estar en el momento que el vino y pan se convierte entre Dios en su sangre y cuerpo de tanta y tantas formas por caminos de mis su camino en lirio de los rocíos

eternos. Muy bien haciendo el camino en la voz del pregonero, pero sobre todo el lirio, aunque es humilde y pequeño, hace su mejor camino de peregrino y romero. Cuando de Rocío al monte le cortan celestes velos porque los coge la Virgen para adornar su sombrero, entonces sí que se crecen. Y es el lirio rociero.

El pueblo de San Lucas de Barrameda es sensiblemente devocional. Por eso, cuando se va al rocío, se agrupen con las demás hermandades y se cuerga en el pecho la medalla que es pregonera, devoción y distintivo de su hermandad. Un manojo de medalla tengo sobre mi almohada. De Madrid, Sevilla y Huelva, de Bormujo, Jerez y La Palma. Le rezo todos los días a la que quiero de veras. tiene el cordón amarillo de San Lucas de Barrameda. El pueblo de San Lucas de Barrameda es creyente practicante. Por eso emprende el camino con una salve en los labios y por las noches reza el rosario. Eso sí, con más salero que nadie. Cuando por las marismas la Virgen sale, hasta el sol se detiene para rezarle. ¿Quién no le reza a esa blanca paloma, flor de pureza?

El pueblo de San Lucas de Barrameda es católico y por eso no le falta en el altar de su peregrinal rociero el sacrificio de la Santa Misa que sabe adornarlo con las notas tamborileras de la marcha real. El pueblo de San Lucas de Barrameda es sobre todo mariano, por eso se lanza el rocío con la esperanza de ponerse ante la madre. La Virgen para el pueblo de San Lucas de Barrameda lo es todo. Virgen de las marismas, reina y señora de tantísimos pobres como te lloran.

Vida y dulzura de todo el que te cuenta sus amarguras. Pero el tamboril rociero, los cantes por sevillan los vestidos de gitana, los sajones, los sombreros, los bueyes, los carreteros, el fandango muy sentido, los salpicones del río son cosas que dan la tierra y que los pone mi tierra para aliviar el rocío. El aroma de los pinos, los cohetes voladores, las vengadas de colores, el cobijo de los pinos, las parajas en el camino, los mantones para el frío, el talle muy bien medido. Son cosas de Andalucía que pone con alegría para aliviar el rocío. Las medallas en el pecho, el ángel luz del mediodía, la 50 ave María con las estrellas por techo, los pies heridos y deshechos, los peos estremecidos, el llanto mal contenido y un deseo de creer. Son cosas que dan la fe para sentir el rocío. Las misas tiernas del alba con el pastor por los aires. Porque el vino se hace sangre y el pan se hace cuerpo y alma. Los

sentimientos unidos, los suspiros, los latidos y la santa comunión son cosas del corazón para sentir el rocío. Una mirada de madre, un final anciano y fijo, un torbellino de hijo con el amor por la sangre, una herencia de los padres que en el peso se han metido, que para el buen rociero solo se llama rocío. Gloria.

En los atardeceres del viernes, la hermandad de San Lucas de Barrameda ya está en los límites de la aldea. Al pasarla la canaliega, dijo el hermano mayor, "Aquí no se bebe vino para entrar con devoción a ese rocío divino. En la marismal monteña el milagro ha florecido. El sol de la primavera trazó con fuego un camino y en alegre caravana que anuncian coplas y gritos, muestra su eterna hermosura la carreta de San Lucar del sin pecado divino. La aridez de la marisma parece un vergel florido. Se transformaron en rosas la zarzas y los espinos. Porque es el alma sanluqueña radiante de misticismo, la que conduce en triunfante su sin pecado divino. El horizonte lejano tiene furgores vivísimos. Rosario de bellas coplas se desgrana en el camino y de los pechos vibrantes de amor, de fe, de cariño.

Viva la blanca paloma es el clamor encendido. Sueño de los infinitos llevan en su caravana el sin pecado divino. Los ojos de las mujeres se incendian de amor divino. Los hombres recios y fuertes se emocionan como niños. Y sobre los duros rostros, por vientos y sol curtido, lágrimas de amor resbalan en corazones unidos. En la marisma al monteña el milagro ha florecido y allí llegar un triunfant San Lucas de Barrameda y su sin pecado divino.

Ya está en el rocío la hermandad de San Lucas de Barrameda y desde las 12 de la mañana del sábado, la hora del ángelus, la hora de la anunciación, el ángel tamborilero, llega hasta el nido de amor de la blanca paloma para decirle que sus hijos se acercan trayendo el amor más grande para ella, que todos rivalizarán en entregarle lo mejor que guardan en su corazón, en ese saludo oficial de todas las hermandades que estampa indescrit a la vera de la rocina. Que porte tan noble el del caballo en el momento que llevando a la pareja inclina su cabeza para saludar a la amazona de lo inmenso cuando llega a la puerta del santuario.

Qué bonito es el desfile de las hermandades. Todo el cansancio del camino se ha desvanecido porque el premio está cerca. No importa que el sol cayendo a plomo ponga prueba el amor tan profundo de los romeros. Al desfile de hermandades se acercan los sanluqueños los cuatro siglos que llevan peregrinando su encuentro al llegar hasta la puerta del blanquísimo santuario y los vivas se estremezclan con las campanas tocando. Hay llant azoteas, hay majestad en los caballos y gargantas que vocean el mejor de los fandangos y sevillanas que alegran el paso del sin pecado, y hombre que dejan huella en la tierra que han mojado, porque es la misma tierra que sus entrañas tragaron. Desde San Lucas a la aldea por las arenas cantando por esa bonita senda que hasta sus plantas los trajo. Con qué entusiasmo le rezan esta hermandad sanluqueña. Prendados de su belleza y de su rocío empapado, que lloran como chiquillos cuando llegan a

su lado. El alba resplandeciente puso reflejo de plata y la aurora sonriente trajo su brillo de Las alvorzadas ave con sus alas hacen palmas mientras que el beso del aire hasta los pinos llegaban. Y allí en el centro donde la cononaron reina, vuelve a repetirse por la gracia de Dios el gran milagro. La venida del Espíritu Santo sobre todos los rocieros, sobre el justo y el que lo será, sobre el auténtico y el que acaba de ver la luz en su corazón.

Fuego de Dios y rocío para todos los que llenan el real. Vuelve a repetirse el gran milagro, porque el idioma que cada uno habla en su corazón es del amor fraterno. Ríe de gozo el pastorcito en esa mañana luminosa de Andalucía, contemplando el inmenso templo en que se ha convertido el rocío durante la misa de Pontificá. Es el gran día de Andalucía. En la bóveda infinita del cielo, un eco se repite. Rocío, Rocío, Rocío. La noche del domingo se despedirá con el inicio del Santo Rosario, con la asistencia de todas las hermandades. Un desfile interminable de vela encendida pregona con su humilde luz. Cómo resplandece el rocío ante la noche oscura, porque solamente consumiéndonos de amor por la Virgen podemos alumbrar nuestra existencia. Que no quede un rociero sin asistir al rosario. Que haya valentía al cantar las Ave María la Virgen. Que se apaguen las bombillas y se enciendan las velas en el rocío como demostración de

cariño a la blanca paloma. Cuántas casas del rocío tan lejos de la señora y tan cerquitas del vino, de la guitarra y las coplas. El rocío está lleno de sonido que nos acompañan desde nuestro punto de partida hasta nuestro destino. Tenemos este sonido metido en la cabeza durante algunos días. Este sonido se queda grabado y cuando recordamos algunos momentos vividos en el rocío va acompañado de un fondo que hace que este recuerdo se haga más real cada día.

Cuando se habla del camino nos parece escuchar el sonar de las campanillas de la carreta portadora del venerado sin pecado, el crujir de las carretas por las arenas y recordamos la noche del rosario, ese murmullo de miles de almas entonando la salve, el que se nos viene a la memoria. ¿Y qué decir cuando hablamos de la mañana del lunes? Es todo un concierto de sonido que se mantiene en el recuerdo, pero cada minuto vivido en el rocío tiene su particular sonido.

Solo va acompañado con una música de fondo de tambor rociero, palma, pandereta, guitarras, palillos y cante por fandangos y sevillanas. Y en esa música encantadora del Rocío existe un personaje místico en el ritual del Rocío. Él es dentro de la romería como una cruz de guía, pues nos anuncia con antelación todos los momentos cumbre del rocío. Su figura está representada en forma de monumento, nada menos que frente a la blanca ermita de la santísima Virgen del Rocío. Cuando escuchamos sus sones, sobre todos los que vivimos lejos de estas tierras del sur, ya puede ser en pleno invierno que sentimos dentro de nuestro corazón los latidos de la primavera. Él es el principal protagonista de esa encantadora melodía del Rocío.

Pitero, que tus sones anuncien que ya has saltado la reja los salmonteños. Que tu mensaje nos lleve la brisa del mar hasta las puertas del cielo para que bajen al rocío la luna con los luceros. que acompañen a la Virgen en su amanecer marismeño. Pitero, que al toque del alba se despierte San Luca entera para que las campanas de las iglesias anuncien que ya ha salido el lucero. Pitero, que tu música se filtre por las orillas del mar y llegue por toda San Lucas hasta el altar de la Virgen Bonita de la Caridad. Pitero, ayuda con tu melodía a callar el llanto de los sanluqueños cuando ven que la Virgen se aleja tranquila a hombro de los salmonteños.

Pitero, que las notas de tu flauta crucen el coto y salga desde San Lucas un mensaje al mundo entero que diga que la Virgen del Rocío un año más está con su pueblo. Pitero, no falt nunca del rocío. No dejes de acompañar a los romeros. Tú sabes muy bien que la Virgen se alegra al escuchar tus son Rocier. M.

Pero hay otra melodía que navega por nuestras venas, que está dentro de nuestras entrañas y es entonces el corazón el que se encarga de darle el sentimiento y lo que hay que tener. Para el que la escuche llega a impregnarse de la valentía que encierra el igualable estilo de los fandangos de Huelva. Del mismo tronco que el mío, de ese árbol genealógico que un día plantaron mis queridos padres. Va a estar presente la misma Sevilla en la voz de mi hermano Sebastián, que junto con la guitarra de mi yer yo, Juan Camacho nos harán vivir esos momentos inoblidables del Rocío.

S. Toma Juan. Vámonos. Aquí rendí a tus plantas, madre mía del rocío. Aquí rendí tus plantas, rosero hoy sanluqueño, con mi fandango te digo, blanca paloma del cielo. Calor, una iglesia San Lucas de Barrameda, calle San Jorge. Una iglesia, una hermanda que es puntera, un sin pecado tu esencia y una Virgen rociera.

Saluca, novia del maimeña y salinera. San Luca no había del que se entera España entera. Qué famosa tu hermandad, marinera y rociera. Ah. Y quiero terminar mi pregón con unas palabras de aliento para que el mundo reconozca que la fe que nos atrae no es otra que esta tierra donde María se asoma al balcón de la esperanza, al amor y a la concordia, que a la Virgen se le reza cantando por sevillana, por fandango muchas veces y otras son las plegarias y que el Rocío se va con las ideas muy claras de querer a los hermanos con el corazón en llama, que tampoco nos importa el vino que nos bebamos o que no bebamos. Lo que queremos, señora, es sentir esta medalla en nuestro pecho colgando.

Es cantar con alegría. Es rezarte con el alma durante todos los días. Porque es alegre encontrarse siempre con nuestros hermanos. Estén cerca lejanos. Mediadora de la gracia que Cristo Jesús dispensa. Salude a los enfermos. La mejor rosa temprana. Estrella de la mañana, lirio de las marismas, blanca paloma de nuestras almas, llama ardiente de su fe inquebrantable, Rocío celestial, peregrina y pastora, madre de todos los rocieros, árbol frondísimo que cobija bajo su rama el sentir rociero. Y así quiero concluir, como dijo el pobrecito, yo que no tengo caballo, coche, carro ni tartana, he venido a verte a pie, lucero de la mañana.

Vamos. Yo pediría un minutito de de silencio, por favor, si queréis sentaros. Fernando, estate tú pendiente para irme trayendo las cosas para irme trendo. Yo voy a hacer muy breve, simplemente en el año en el en el Rocío del 92, primer año de mi mandato de hermano mayor, eh Rafael Fernández Mesa me dio la mano en el patio de nuestra vieja casa de hermandad. se comprometió conmigo, no conmigo, sino con la hermandad de San Lucas, a lo que era su ilusión, que era dar el pregón de esa hermandad de la que de la que su padre, que hoy estará contento y aplaudiendo desde el cielo, fue secretario.

El año 93, cuando llegué el Rocío, previó una carta en la cual eh como antes ya se ha comentado, nos decía que que no por ciertas circunstancias no podía ser. Yo recuerdo que nos abrazamos, Rafael, delante de la casa de la hermandad al llegar a la carreta y y te dije que la Virgen permitiría que un día en breve tu dieses el pregón. Yo quiero darle gracias a la Virgen de Rocío y al pastor Divino porque te ha concedido ese deseo tuyo. Y yo quiero volverme a fundir contigo en un abrazo en nombre de todo tu pueblo, eh, por por el esfuerzo que sea que has hecho y porque esos tres años de ilusiones contenidas hoy han tenido su fin y un fin con el que todos de verdad y de corazón hemos disfrutado. Gracias, Rafael.

Y en nombre de todos ustedes, nombre de la hermandad, simplemente vamos a hacerle como siempre entrega de una placa de un recuerdo para que lo tenga siempre junto con él, igual que nuestro cariño. la hermandad de Nuestra Señora del Rocío a nuestro hermano don Rafael Fernández Mesa en agradecimiento por su pregón del rocío 6 de mayo de 1995. Muchas gracias a esta hermandad y a mi pueblo.

Yo quisiera también que pasase aquí al estrado su presentador, porque también quiero darle las gracias en nombre de toda la hermandad, en nombre del propio Rafael y también para que tengas un recuerdo de este día entrañable. Dice así la real, ilustre y venerable hermandad de Nuestra Señora del Rocío de San Lucas de Barremeda, a Juan González Fernández en reconocimiento a su labor como presentador de este acto. Muchas gracias, querida hermandad.

Yo quería Juan González, no lo hemos hecho con Rafael porque porque no le hace falta porque ya lleva ese cordón en el pecho y en el arma durante durante muchos años, pero Juan, sí quiero en nombre de la hermandad imponerle la medalla de la hermandad de Rocío Cel

Y ya para terminar a las dos personas que han estado esta noche aquí en en este estrato. También le pediría que subiese al hermano de Rafael Sebastián y al que ha sacado esas notas de su guitarra para acompañarlo, porque también nombre de la hermandad le vamos a imponer la medalla.

Buenas noches. Y ya ahora sí que para terminar de verdad eh a la señora de del pregonero de su presentador, yo quería que que pasasen por aquí también porque como bien ha dicho presentador detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Ah. Vamos a terminar por último con los tamborileros la salve. Y antes yo creo que si ustedes creéis Sebastián no va a ser trofandoito.

Sí, sí, que la coja, que la coja. Vamos que como lo mío no es el parlamento, por favor, por favor, como lo mío no es el parlamento, voy a tratar de deciros un deseo que tengo para este año. Va por San Lucas y por la Virgen de Rocío. Bueno, Juan. Ay, ay, ay.

y San Lucas, Puerto Lucero, tierra donde yo he nacido. San Luca, Puerto Lucero, atravesando tu río hacer el camino quiero desde doñana al Rocío. Ahora voy a cantar una letra, Juan, una letra que me sacó mi hermano Sebastián. Aquí sabemos hacer de todo.

que un andaluz puede tener. ¿Cuál es la alegría más grande que un andaluz puede tener? Se rocieron la vez haber nacido en San Lucas y llamarse Rafael. He. Se va, se va, se va a rezar la salve rosera. Por favor, silencio. Ah. Viva la Virgen del Rocío. Viva. Viva esa blanca paloma. Viva la madre de Dios. Viva viva la hermandad de San Lucas de Barramera.

Fuente: vídeo original en el canal TDC Social TV. Archivo audiovisual de TDC Producciones.